Colectiva/Social
14Jul2013

El Barrio Viel: un recorrido

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Hace algunos días, por suerte o coincidencia, pudimos tener acceso a una mañana libre de compromisos y de trabajos, y los pasos nos encaminaron hacia lo que hoy se conoce como Barrio Viel. Yo años atrás tuve la oportunidad de recorrer sus calles, y deleitarme con su arquitectura. Y ahora, provisto con cámara y valioso tiempo, pudimos recorrerlo y re descubrirlo.

Como conjunto es más bien discreto, alejado de los grandes centros o destinos patrimoniales más conocidos (París-Londres, Concha y Toro, Virginia Opazo y conjunto República, Barrio Lastarria). Sin embargo es un pequeño núcleo en si mismo, bien planificado, bien cuidado, salvo pequeños detalles, y muy valorado por sus habitantes, que unidos y eficazmente agrupados, consiguieron dotarlo de la categoría de Barrio Típico (Decreto N° 207, del 5 de Junio del 2009).

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Por desgracia, ya comenzaron a aparecer nuevos edificios en el sector, algunos incluso muy cerca de este conjunto, con lo que su coherencia y uniformidad urbana se están viendo dramáticamente alterados. Aunque la denominación de Barrio Viel puede extenderse hacia otros sectores (llegando incluso hasta calle San Diego), lo que hoy nos convoca son las manzanas situadas en el extremo poniente, entre Av. Viel y San Ignacio de Loyola, y entre Avenida Matta y calle Pedro Lagos. Sin duda, es el sector más consolidado del conjunto, el más coherentemente planificado, y el que reviste mayor interés arquitectónico -sin desmerecer, desde luego, la valiosa arquitectura, que, algo más desperdigada, también se presenta en otros sectores cercanos-.


En el conjunto podemos descubrir varios sectores claramente definidos, podríamos denominarlos cuadrantes, y que tienen su origen en el proceso inicial de urbanización y loteo. El cuadrante más antiguo, es el situado entre calles Santiaguillo, San Ignacio, Santiago y Av. Viel. Corresponde a la zona más antigua del conjunto, proyectado por el arquitecto Manuel Cifuentes Gómez, para la Caja de Empleados Particulares en 1926. Esta manzana está densificada mediante la apertura de una estrecha calle en forma de Y (Pasajes Echeverría y Cousiño) entre Av. Viel y San Ignacio, que en su espacio “isla”, hacia San Ignacio, deja el espacio para la construcción del punto focal del conjunto: el Teatro Parque Cousiño. El autor del conjunto, don Manuel Cifuentes (1876-1957), fue el primer arquitecto titulado en la Universidad Católica, en 1899, y es hijo de uno de sus principales fundadores e impulsores: don Abdón Cifuentes Espinosa, siendo autor, entre otros, del edificio del Diario Ilustrado -actual Intendencia de Santiago-, el edificio de rentas de las Monjas Capuchinas, en calles Bandera, Las Rosas, Pasaje Capuchinos y San Pablo, el edificio del Banco Hipotecario, actualmente demolido, y de la ampliación y actual fachada -por la Alameda- de su alma mater, la Universidad Católica (1935). Asimismo tuvo una marcada actividad docente y gremial, siendo profesor en la Escuela de Arquitectura en varias asignaturas, y convirtiéndose luego en su primer Decano (1921).

La arquitectura de esta manzana se compone de alrededor de 50 viviendas, de 2 o 3 pisos, con un pensamiento urbano que alude a la idea de ciudad jardín -viviendas aisladas o pareadas, la separación entre las viviendas y con la calle, amplias zonas verdes y ajardinadas-, como tipología urbana que la hace fácilmente reconocible en comparación con el entorno urbano inmediato que históricamente caracterizó al urbanismo de este sector de la ciudad -casas más bien bajas, fachada continua-. En este caso, el tamaño de las viviendas y sus terrenos más bien reducidos da pie a una imagen que podríamos llamar más compacta del tradicional modo de la ciudad jardín. En este conjunto los patios existen, pero no son muy grandes, y los antejardines, en algunos casos se hacen muy pequeños o inexistentes, con lo cual, en vez de disminuir su calidad espacial, la enriquece, pues hace más patente la diversidad de tipologías y muestra hacia la calle y los pasajes al lenguaje arquitectónico como valor intrínseco de sus edificios. Los estilos que muestran sus casas son bastante variados, dejando en evidencia la calidad estética y constructiva de su autor: desde neogótico, tudor hasta influencias de estilo colonial, o neoclásico, como el caso del Teatro. Predominan las maderas y ladrillos a la vista, marquesinas, aleros y techos altos, fachadas asimétricas y diversos elementos decorativos, sencillos, sin mayores pretensiones, pero que en su conjunto muestran una singular belleza y serenidad, originalmente pensados en un entorno diametralmente opuesto al actual, enfrentándose al Parque Cousiño (actual O’Higgins), pero ahora separados de éste por la actual Carretera Panamericana, construida a partir de 1960.

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Actualmente el pasaje que conforma el espacio interior, está enrejado, debido a los problemas de inseguridad y casi paranoia colectiva que aquejan a la sociedad moderna, y casi todas las casas del lado de la Av. Viel (donde está la mencionada carretera) se encuentran en estado de mayor deterioro y ocupadas notoriamente por oficinas, instituciones o bodegas. Sin embargo, persiste su idea de conjunto armónico, el valor de sus construcciones y el espíritu de sus habitantes, que mediante un ejemplar sistema de organización, pudieron defender el barrio y protegerlo de manera legal.

Situados entre calles Viel y San Ignacio, pero más hacia el sur, aparecen otros pasajes y diversas agrupaciones arquitectónicas, de la misma época aproximadamente, y que complementan y enriquecen al conjunto inicial. También podríamos clasificarlas en cuadrantes, entre calles de mayor tamaño, pertenecientes al damero histórico del sector, y mediante el proceso de urbanización, abriendo pequeñas callejuelas interiores. Es el caso de los pasajes Manuel Cifuentes y Arturo Glaziou, cuyo proceso de construcción se alargó por los años siguientes, y en el cual se incorporaron nuevas tendencias estilísticas (neo-colonial, arquitectura racionalista, por ejemplo), y que en el caso de la calle Glaziou, situada en el extremo sur del sector al llegar a calle Pedro Lagos, se configuró mediante una delicada sucesión de casas de un piso, más reducidas, con pequeños antejardines y cómodos patios traseros, y que muestran una interesante diversidad volumétrica, y en sus fachadas, un lenguaje más propio del art-deco. Aquí, y en el resto del conjunto, comienza a notarse una mayor diversidad en los estilos, así como la participación de otros arquitectos, además de Cifuentes, como Mario Gálvez, Jorge Millán Valdovinos, y Armando Alvear Espinosa, quien construyó para sí mismo una notable casa de estilo moderno, en calle Pedro Lagos 1571.De este modo, empiezan a coexistir iniciativas de densificación masiva -pequeños loteos y conjuntos, apertura de pasajes- y algunas viviendas particulares, como la ya mencionada del arqto. Alvear, que supieron encajar en el entorno con coherencia y equilibrio urbano.

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Algunos años después, otras iniciativas, tanto públicas como privadas, contribuyeron a la consolidación y evolución del sector. Entre 1940 y 1941 se construyó el Pasaje Elena Barros, en la manzana conformada por Av. Viel, San Ignacio, Pedro Lagos y Sargento Aldea, por iniciativa de la Asociación Benéfica para Obreros, obra del arquitecto Hernán Larraín Errázuriz (1913-1997), titulado en la U.C. en 1943 y más conocido por ser el autor de la Catedral de Chillán. Aquí la arquitectura se configura en torno a un pasaje recto, con casas a ambos lados conformando pequeñas aperturas y cruces, de dos pisos, y de espíritu estético de cierta tendencia neocolonial, pero desprovisto casi, de ornamentaciones y mayores complejidades volumétricas.

La urbanización del sector, tal como la conocemos hoy en día, se completa por dos conjuntos arquitectónicos de singular importancia, y que a pesar de su origen similar -Cajas de Crédito o Previsión- responden a un lenguaje y a una forma de entender la arquitectura y el urbanismo, diametralmente opuestos. Se trata de las manzanas de calles Viel, San Ignacio, Victoria y Mac-Clure; y la manzana situada en el extremo norte del conjunto, entre Viel, San Ignacio, Av. Matta y Santiaguillo.

La primera de ellas, conocida como Edificio Viel, ubicada entre calles Viel, San Ignacio, Victoria y Mac-Clure, fue una iniciativa de la Caja de Empleados Particulares EMPART N° 2 y construida entre 1955 y 1957 por los arquitectos Jorge Aguirre Silva (1912-1998) y Gabriel Rodríguez Bernales (1910-1969), en asociación con la Sociedad Constructora Valdivieso, Vergara y Cía. Ltda. Acá la tipología urbanística y arquitectónica cambia radicalmente. En vez de viviendas unifamiliares y pequeños patios y antejardines privados, ahora son edificios tipo bloque, de diseño moderno y funcional, de 5 pisos y sumando 99 departamentos y varios locales comerciales, situados perimetralmente conformando el espacio calle y dotando al conjunto de un amplio jardín comunitario al interior de la manzana. El acceso principal está por calle Victoria, y por este acceso, se puede lograr la continuidad espacial entre jardín y calle exterior, mediante un pórtico columnado de singular diseño. Su autor principal, don Jorge Aguirre, importante y prolífico profesional, fue galardonado en 1985 con el Premio Nacional de Arquitectura, y dentro de sus obras principales, figuran el Hogar Modelo del Consejo de Defensa de la Raza, situado al otro lado de la carretera, en terrenos del antiguo Parque Cousiño, actualmente sede de una universidad privada; el edificio de la Asociación de Jubilados del Banco Central, en calle Estado, el edificio REVAL, en Alameda con San Diego, el edificio Santiago Centro en la Alameda, y el edificio de ENDESA.

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Por último, el extremo norte del sector estudiado está ocupado por un espléndido conjunto de vivienda colectiva, los edificios de la Caja de Previsión del Banco del Estado de Chile, los cuales fueron adjudicados en un concurso público y construidos a partir de 1957, en las calles Viel, San Ignacio, Santiaguillo y Av. Manuel Antonio Matta. Los arquitectos de esta obra fueron la oficina de Carlo Bresciani Bagattini, Héctor Valdés Phillips, Fernando Castillo Velasco y Carlos Ambrosio García-Huidobro Guzmán, en este proyecto, asociados también al arqto. Julio Agustín Bravo Durán. Al igual que el Edificio Viel, acá estamos ante un singular ejemplo de la arquitectura y urbanismo más avanzados y modernos en su tiempo. Bloques de departamentos de 6 pisos de altura, situados sobre una manzana ajardinada, configurando los bordes y los accesos principales por Av. Matta con corredores y una placa de locales y negocios, aportalada, que se adecúa al carácter comercial y más público de Av. Matta, y sirviendo de remate urbano a todo el conjunto. Urbanamente, los bloques (de 6 y 4 pisos) configuran la calle y dejan libres amplios espacios interiores, donde se desarrolla el parque común, abriéndose (como era originalmente) hacia el antiguo Parque Cousiño, vínculo urbano-natural por desgracia desaparecido en la actualidad. Estéticamente los edificios muestran una amplia diversidad formal, mostrando amplios paños acristalados, diferentes texturas y materialidades, y una fina composición volumétrica que mediante su diversidad y desencaje, hace más interesante y dinámica la lectura global del conjunto. Elementos de madera, albañilería, hormigón pulido y piedra, componen la fuerza expresiva de sus materiales, mientras que su apertura hacia amplios espacios naturales, y al parque, dotan a las viviendas, de la necesaria aireación, privacidad y luz solar.

Sus proyectistas, la firma Bresciani, Valdés, Castillo y Huidobro, merecen un comentario aparte. Formados en la U.C. de Santiago, fueron una de las principales oficinas de arquitectura del país en los años 50 y 60, logrando el mérito, único en Chile, de recibir tres de sus miembros, en diferentes épocas, la distinción del Premio Nacional de Arquitectura. Innumerables obras, de diseño moderno y vanguardista, avalan su trayectoria; las más importantes: la Unidad Vecinal Portales, en los terrenos de la Quinta Normal, los pabellones de la Universidad Técnica del Estado (actual USACH), el Casino y el Estadio de Arica, las Torres del Tajamar, en Providencia, algunas torres de la Remodelación San Borja, y las sedes regionales de la U.T.E. en Antofagasta, Concepción y Punta Arenas, entre otras muchas obras.

Todos estos conjuntos, que en mayor o menor medida dieron forma a este particular y consolidado trozo de ciudad, dan cuenta de un urbanismo integrado a la comunidad, que sabe responder, en sus distintas épocas, estilos y orígenes, a la problemática de expansión y densificación urbana, que supo dar cuenta de las variables del entorno natural y a la traza urbana histórica del damero colonial, pero reinventándose en cada pequeño proyecto, en cada nivel de estratificación histórica que dio vida al sector, a partir de los años 20 y hasta su última gran obra, a finales de los años 50. Sin duda, la aparición de la Carretera Panamericana, mutiló su apertura hacia el Parque Cousiño, actual O’Higgins, y los actuales edificios de origen inmobiliario-privado, día a día hacen peligrar el frágil equilibrio urbano y la particular coherencia estética entre arquitecturas de las más diversas formas y orígenes. Sin embargo, gracias al esfuerzo de sus habitantes, este barrio ha podido ser ampliamente reconocido y valorado, lo que nos parece un importante ejemplo a seguir y destacar, especialmente a la hora de emprender iniciativas ciudadanas, diseñar políticas de preservación urbana e implementar criterios amplios de conservación patrimonial.

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