Colectiva/Social
06Ago2013

Pasaje Santiago Bueras: un abanico de estilos

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Se accede a él desde calle Santiago Bueras, corta calle situada en el extremo oriente de la comuna de Santiago, en la estrechez urbana al llegar a Plaza Italia. Dentro de ese margen de ciudad, entre la Alameda y el Parque Forestal, y entre Plaza Italia y el Cerro Santa Lucía, se ubican varias calles chicas y sinuosas, que en desorden y diversidad, dan cabida al Barrio Lastarria, uno de los mejores ejemplos de la armonía arquitectónico-urbana de la ciudad. Vivienda y comercio, pequeños edificios residenciales y diversos centros de difusión cultural dan vida al barrio, que junto con restaurantes y cafés, y la cercanía con el GAM, le otorgan un particular interés y atractivo. Dentro de sus límites, al costado oriente del barrio, está el pasaje Bueras.

Sus construcciones datan de los años 20 hasta fines de los 40, su arquitectura pasa por diversos estilos. En la esquina del pasaje con la calle Bueras, dos edificios de factura más antigua conforman el acceso, uno de ellos, de singular estilo neomedieval, con pequeñas ventanas y gárgolas y vitrales de gran calidad; más atrás, pequeños edificios de departamentos, más nuevos (década de 1940), que oscilan formalmente entre el movimiento moderno, el funcionalismo y el neoclasicismo, coexistiendo en armonía y equilibrio.


Más atrás el pasaje dobla y se pierde su contacto con la calle. En este punto, el silencio abstrae la cercanía de la Alameda y la Plaza Italia, permitiendo una mejor calidad de vida para sus habitantes. Sin embargo, el pasaje, que con sus condiciones urbanas es un hermoso rincón urbano, no está concluido. Un gran terreno, el que da hacia el lado sur, nunca fue construido, ocupándose en la actualidad como estacionamientos y abriéndose hacia los edificios de la Alameda y calle Namur. A pesar de esta inconclusión, espacialmente el pasaje se muestra como un atractivo recodo de la ciudad, equilibrado y armonioso, y especialmente tranquilo y apacible, a metros de uno de los centros articuladores de la ciudad, como es la Plaza Italia. Sin duda el espacio sin construir y su ocupación actual como estacionamientos es un punto negativo y amenazador, especialmente si a la hora de edificar allí no se toman algunas precauciones, como mantener la escala, la relación entre las fachadas, y la pulcritud y fineza de los materiales.


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Entre los arquitectos que participaron en la conformación urbana del lugar tenemos algunos destacados profesionales chilenos, a juzgar por las numerosas placas e inscripciones que podemos leer en sus muros. En el N° 172-D tenemos un edificio de Juan Velasco Sanfuentes y Miguel Dávila Carson. Al frente, con el número 172-C, se encuentra un discreto edificio de don Jorge Aguirre Silva, importante arquitecto autor de destacadas obras y acreedor del Premio Nacional de Arquitectura el año 1985.

Otros edificios que podemos apreciar son el N° 174, realizado para don Hans Rosenfeld y que luego fue propiedad de la Asociación de Football de Santiago. Este edificio fue proyectado en un audaz estilo moderno para la época (1944) y en un difícil terreno irregular, obra de Jorge Del Campo Rivera y Carlo Bresciani Bagattini, este último también galardonado póstumamente con el Premio Nacional de Arquitectura el año 1970, y asociado algunos años después en la destacada oficina con Castillo, Huidobro y Valdés.


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En el N° 170-A y 172-A está el inmueble de Emerik (Enrique) Camhi Baruch, arquitecto de origen judeo-eslavo, radicado desde su infancia en nuestro país, de brillante trayectoria pero poco conocido en la actualidad. El edificio, de impecable estilo moderno, posee recursos estéticos tales como la ventana corrida y los clásicos ojo de buey, elementos formales típicos en la arquitectura del streamline de finales de los 30 y principios de los 40. Este edificio, de gran simpleza y elegancia, fue construido para la Caja Nacional de Empleados Públicos y Periodistas, en 1940. En los números 176 y 178 está el edificio de estilo neoclásico francés, estilizado y simplificado pero de gran calidad y finas terminaciones estéticas. Según la placa situada en sus muros, es obra de Álvaro Gazitúa Álvarez De La Rivera y Oscar Zaccarelli Mancelli, y probablemente es de principios de los años 40. Y por último, los dos edificios de la entrada del pasaje, de distintos estilos y lenguajes formales, fueron construidos por lo menos una década antes, en los años 20. Por una parte, el edificio de estilo medieval, de 1929, y edificado para don Camilo Edwards S., cuyo autor por desgracia desconocemos; y el edificio de estilo neoclásico, de 1928 y proyectado por encargo de los hermanos Carlos y Germán Hidalgo por el arquitecto Víctor Coopman Michelin, profesional escasamente conocido en el país.


Fotografías de la galería: Rodrigo González M. y Sebastián Aguilar O. Septiembre de 2010 y Julio de 2013.

05Ago2013

Los pasajes de Santiago

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stgo bueras

Resulta interesante y enriquecedor caminar pausadamente por Santiago y adentrarse en espacios que albergan una capital poco conocida y a veces muy distinta a lo que vemos en las calles principales.

Muchas veces ignorados por la gente, o simplemente habitados sin contemplación ni pausa, uno va encontrando a medida que profundiza en la trama urbana, lugares y rincones insospechados, alejados de los grandes recorridos, muchas veces dando pie a espacios anónimos y enriquecedores.

Estos espacios son los que queremos compartir en este artículo, donde más que una descripción detallada de ellos, expondremos el porqué de su importancia urbana y el poco valor que se les da. Sean éstos, pasajes, callejones o pequeñas calles, son la expresión urbana de épocas donde se pensaba la ciudad como una trama que necesitaba muchas veces densificarse a medida que el crecimiento y desarrollo orgánico generaba nuevas necesidades y nuevas formas de habitar y ocupar el territorio.

Y estos pequeños pasajes y calles sin salida, esparcidas por toda la ciudad, dan cuenta de ese proceso de cambio, evolución y mutación urbanística. Si uno analiza las manzanas del centro o de las antiguas comunas y barrios capitalinos (proceso que también se repitió en otras ciudades, aunque en menor escala), compuestas generalmente por 4 calles de más o menos importancia, éstas conforman su espacio construido por sus bordes o perímetros, tradición constructiva y modelo urbano originado en el antiguo trazado de damero colonial, pero su interior muchas veces quedaba vacío o bien sus patios eran poco aprovechados. El pasaje venía a romper con esa envoltura y se adentraba en la manzana, incluso dividiéndola, caso que se dio especialmente a partir de finales del siglo XIX, y que tuvo su época de mayor alcance como política de densificación y reurbanización de los centros urbanos, durante la primera mitad del siglo XX, hasta los años 50. Muchos ejemplos se constituyeron con esta política densificatoria, incluso pequeños barrios abiertos sobre terrenos de grandes extensiones situados en el centro, como calles París y Londres, Barrio Concha y Toro, calle Virginia Opazo y el sector de calles La Bolsa, Club de la Unión y Nueva York, hoy considerados hitos en el género, difundidos y valorados, y protegidos ampliamente por una normativa que puso en justo valor su importancia histórica y arquitectónica. Si bien hay casos similares de densificación urbana, como los cités, conventillos, o bien las galerías comerciales y caracoles multiconectados que atraviesan todo el centro de Santiago, éstos responden a diferentes realidades, épocas y necesidades socio-culturales, convirtiéndose en conformaciones y complejidades urbanas por derecho propio, y que merecerán artículos y reportajes completos más adelante.

Volviendo al tema de los pasajes y pequeñas calles, vemos que muchos arquitectos tienen dentro de su carrera profesional proyectos en los que se dedicaron por completo al pasaje, tanto como meros proyectistas como también impulsores e inversionistas urbanos, que gestionaban y loteaban, diseñaban y construían el espacio de la nueva calle y sus edificios, como un todo coherente y armónico. Santiago tiene varios casos que responden a esta tipología.


las hiedras

Otros profesionales, contribuyeron a conformar valiosos rincones urbanos logrados mediante la uniformidad de criterios, pero donde el proceso de loteo era separado de la construcción. Estos casos son singularmente atractivos e interesantes, pues distintos arquitectos, sin mayor relación entre sí, compartían los espacios loteados, generando lugares de expresiones diversas, pero que se respetaban mutuamente en cuanto a alturas, rasante y distancia con la calle, e incluso, coexistiendo en armonía estilos opuestos y de los más diversos orígenes, materialidades y expresiones formales. Esta idea de ciudad posibilitó ocupar espacios que de otra forma estarían perdidos y a la vez generar comunidad, ya que la gente se identificaba con su pasaje.

Si comparamos esta complejidad urbana generada en la ciudad, con la actual política inmobiliaria, nos damos cuenta de muchas cosas, entre ellas que antes se propiciaba la vida en comunidad y la diversidad y calidad estética, frente a la individualidad reinante y la progresiva vulgarización y estandarización constructiva y formal que reina en los actuales edificios y condominios, eso, sin considerar el tema de la desmedida altura y escala de los proyectos inmobiliarios, tanto en Santiago como en regiones. Ejemplo supremo de esto son las actuales torres habitacionales sin identidad y sin respeto con su entorno, y los condominios que niegan y privatizan el espacio público y la esencia del auténtico barrio. Es más, muchos pasajes o conjuntos urbanos de gran calidad han muerto o han sido salvajemente mutilados a los pies de estos monstruos sin propuesta estética alguna.


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Actualmente algunos pasajes y pequeñas calles gozan de gran vitalidad y otros de un destino incierto. El abandono, la mala transformación de sus viviendas, ampliaciones mal hechas y sin considerar la armonía del conjunto, las instalaciones de locales comerciales de bajo nivel y la demolición de parte de sus casas son tópicos comunes que observamos en muchos de ellos. Sin embargo, a pesar de esto, el valor arquitectónico y la calidad estética y la armonía visual que generan es única, su posición de intimidad y cercanía entre los inmuebles, y la acertada densidad controlada y medida que generan, hacen imprescindible la puesta en valor de sus construcciones y frágiles composiciones urbanas y la necesaria generación de una normativa criteriosa y precisa que permita preservar sus valores y actuar con acierto a la hora de intervenir o modificar sus construcciones y predios.