Opinión
19Ene2015

Planta Carozzi de Quilpué. Dos miradas a su arquitectura

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Molino Carozzi 01

Este artículo presenta dos miradas a un mismo conjunto industrial. La primera es una visión subjetiva de un espectador y la segunda, una objetiva de un profesional. Con esto se quiere poner en el tapete la importancia afectiva y arquitectónica de un edificio.

Su peculiar distribución me llamaba la atención de pequeño, cuando pasábamos por ahí con mi familia bajo el puente que comunica dos naves de la construcción y, pese a que en esos años la fábrica y molino se encontraba en funcionamiento, mostraba un claro estado de abandono que me hacía verla con más ganas ya que su huella industrial se acentuaba y, al quedar la calle encerrada por ambas construcciones, una sombra permanente se proyectaba en ese tramo dando un aspecto lúgubre y solitario al conjunto.

Me gustaba ver los carros de tren que transportaban, supongo, el trigo o la harina y que yacían no muy lejos del camino vehicular. Lucían oxidados y añosos, siempre había uno al menos esperando no sé qué. Mi imaginación volaba y hacía andar esos carros y trataba de armar el interior de la fábrica, que siempre parecía cerrada.

Hace años que no paso por ahí, pero recuerdo con nostalgia de infancia ese tramo tan esperado y tan breve y nunca olvidaré ese puente que ya no recuerdo si era para el paso de los funcionarios y trabajadores de una nave a otra por sobre la calle, o para el transporte de las materia primas desde los trenes-silos que, herrumbrosos, esperaban volver a cargarse.

Rodrigo González M.

Este artículo fue publicado el 17/11/2008, en lospostmodernos.blogspot.com


Carozzi 01

Varias veces he estado ahí. Por motivos de trabajo o amistad, visito con frecuencia la ciudad de Quilpué. Es un lugar aún tranquilo, rodeado de cerca por sectores aún rurales, con un centro animado y bullante, pero con zonas residenciales tranquilas y armoniosas, donde se pudo desarrollar a lo largo del tiempo una arquitectura más bien discreta pero de gran calidad y armonía urbana, actualmente amenazada, como en muchas otras ciudades de Chile, por la depredación urbana inmobiliaria, expresada en edificios habitacionales de gran altura que nada tienen que ver con su entorno inmediato, y por el mall, horrendo y vulgar bunker situado prepotentemente en el corazón de la ciudad, frente a la Parroquia. Un poco más lejos de acá, cruzando la Plaza de Armas y al otro lado de la Municipalidad, de la línea férrea y la estación de Quilpué, está la antigua Fábrica Carozzi.

Carozzi 02

La Compañía Molinos y Fideos Carozzi, productora de fideos, harina y otros alimentos, fue fundada en 1898 en Valparaíso bajo el nombre de La Joven Italia, Carozzi y Cía., por don Augusto Carozzi Passani (1874-1942), inmigrante italiano nacido en la región de Massa Carrara. Luego del terremoto de Valparaíso en 1906, las instalaciones fueron trasladadas a Quilpué, situándose desde entonces en la ubicación actual, junto a la vía férrea, en una zona en esos años despejada y deshabitada de la ciudad. Después de un proceso de crecimiento de singular desarrollo y empuje, la fábrica de Quilpué se convirtió en la mayor planta productora de pastas de Chile, a pesar de que su historia no estuvo exenta de crisis y tragedias (la recesión de 1929, la muerte del socio fundador en 1942, el incendio de 1970), sin embargo, a pesar de sus logros e importancia, su ubicación poco estratégica para la apertura de sus mercados y la estrechez de su infraestructura motivó a la empresa a trasladar en 1982 todo el proceso de producción a la moderna planta de Nos, cerca de Santiago, un edificio de singular importancia en la historia de la arquitectura moderna en nuestro país, construido entre 1961 y 1965 por Emile Duhart Harosteguy, Luis Mitrović Balbontín y Cristian De Groote Córdova. A partir de ahí, los edificios de Quilpué quedaron virtualmente desocupados, estado en el que se encuentran hoy en día.

Carozzi Plano

Actualmente el complejo fabril se sitúa en una zona muy céntrica, absorbida por el crecimiento de la ciudad aunque protegido o distanciado si se quiere, del resto de ella, por la cercana vía férrea. Su ubicación es la manzana entre calles General Velásquez, Enrique Costa (ex O’Higgins), General Bustamante y Las Heras (ex San Enrique), y con un puente sobre calle General Bustamante, a través del cual se vincula a otras instalaciones de la fábrica hacia calle Roosevelt, donde otrora existieron grandes silos de almacenaje de granos y trigo, y que servía asimismo para faenas de carga y descarga, al conectarse directamente con la línea del ferrocarril.

Carozzi 05

Carozzi 02

Arquitectónicamente, la fábrica se compone principalmente de varias partes que son un fiel reflejo de su intenso proceso de construcción y crecimiento. Originariamente construido como un gran bloque de albañilería de ladrillos, de tres pisos, como se puede apreciar en algunas fotografías antiguas, este edificio de 1907 se situaba frente a las calles Bustamante y Costa, siendo ampliado posteriormente hacia calle General Velásquez entre 1917 y 1920. Esta ampliación al parecer fue realizada por los arquitectos italianos Arnaldo Barison Desman (1883-1970) y Renato Schiavon Pavon (1887-1949), de larga e importante trayectoria profesional en la zona, especialmente en Viña del Mar y Valparaíso. Probablemente esta época asimismo se construyó el puente sobre calle Bustamante, que unía ambos lados de la planta, hacia los silos de almacenaje y espacios de carga y descarga vinculados con la línea férrea.

Carozzi 04

Posteriormente, hacia los años 50, los edificios de calle General Velásquez fueron demolidos y se construyó un moderno bloque de oficinas, obra de gran valor estético y arquitectónico -ignoramos quién fue su arquitecto-, y que contrasta fuertemente con los antiguos edificios de albañilería de ladrillos, a pesar de mantener una continuidad en su escala y su volumetría. Su lenguaje formal de volúmenes limpios, sus grandes superficies acristaladas exentas, que muestran el vidrio y su translucidez como materiales principales de su diseño, dan al edificio una enorme presencia urbana, complementada por la cercanía con el cruce bajo la línea férrea, vinculando ambos lados de la ciudad, y situándose allí también el acceso principal a las instalaciones. No es difícil imaginar, en otros tiempos, a los grupos de trabajadores entrando y saliendo a la fábrica, y a los trenes de carga entrando y saliendo de sus instalaciones, y llenando de vida y movimiento este sector, hoy solitario y casi olvidado.

Carozzi 06

La historia de la fábrica no estuvo exenta de problemas, y en 1970, un enorme incendio destruyó gran parte de los antiguos edificios de albañilería de ladrillo, debiendo ser reconstruido rápidamente, entregándose al uso un nuevo edificio en 1972 por calle Costa y Bustamante, y dejando sólo algunos pequeños sectores originales del edificio inicial, por calle Bustamante hacia Las Heras, y enfrentando calle Roosevelt. Este último edificio, de estructura de hormigón armado y aspecto monolítico, casi sin ventanas, se integra acertadamente al conjunto, aunque su lenguaje estético no presenta mayor valor ni atributos formales.

Por último, por calle General Velásquez al llegar a Las Heras, un último edificio termina de configurar la manzana. Claramente distinto a los edificios fabriles, esta nave, de estructura de madera y adobillos, pertenece a un periodo anterior a la fundación de la fábrica, logrando una cercanía estética con edificios como la antigua Estación de San Bernardo, o la demolida Estación de Quillota. El edificio, que posee una bellísima estructura aportalada de madera como una gran galería descubierta, se encuentra aislada alejada unos tres o cuatro metros de la línea del predio, con lo que más se diferencia de los monolíticos edificios del conjunto arquitectónico industrial.

Molino Carozzi 02

Como ya está dicho, el complejo industrial se encuentra cerrado y en desuso. Las antiguas líneas que llegaban al ferrocarril fueron desmanteladas y cortadas, con la apertura de la red Merval que reemplazó a las instalaciones ferroviarias tradicionales. Asimismo, los grandes silos situados en el sector de calle Roosevelt fueron desarmados y en estos momentos, sólo algunas instalaciones menores ocupan esta zona de la fábrica. El puente sobre calle Bustamante aún existe, aunque sin uso, y las dependencias del extremo norte hacia calle Las Heras, están abandonadas y en mal estado, especialmente el antiguo pabellón aportalado, que permanece en el más completo olvido y descuido.

La fábrica, como otras tantas construidas en aquella época, se sitúa urbanamente en torno a las líneas ferroviarias, por motivos funcionales de carga y transporte, tanto de materias primas, como de los productos alimenticios ya elaborados. Actualmente, y con el sistema ferroviario en desuso, su posición urbana no se justifica. Asimismo, la ciudad siguió creciendo, por lo que estos enormes galpones se ubican en la actualidad en una zona céntrica, probablemente muy apetecida por los inversionistas. Al ser una industria de larga data, y poseer edificios de distintas épocas y estilos, le otorga al complejo un interés mayor y una mayor riqueza estética. Al pertenecer a una ciudad relativamente pequeña y provinciana, y ayudar de incalculable manera al crecimiento y desarrollo de ésta, el enorme complejo se transformó en un símbolo histórico e hito indiscutible para la comunidad, tanto en lo urbano como en lo inmaterial. Como potencial, su valor e importancia es enorme, al ser uno de los pocos complejos industriales que permanecen completos y sin mayores modificaciones, y urbanamente, su ubicación estratégica, le otorgan una cualidad especial, posible para infinidad de usos y posibilidades de reciclaje y restauración. Claramente, los edificios de mayor importancia estética e histórica, son los de General Velásquez (acceso principal y oficinas y el antiguo pabellón aportalado), y las partes antiguas de ladrillo que aún subsisten por calle Bustamante, mientras que los demás edificios y pabellones del conjunto, revisten menos interés, pudiendo ser tomados como puntos estratégicos de renovación y modificación, al abordar un plan maestro de reciclaje. Actualmente en el edificio de oficinas, funcionan algunas dependencias de la Municipalidad de Quilpué, y existe la iniciativa de trasladar todo el edificio consistorial a la antigua fábrica, aunque ello aún no se ha concretado.

Creemos valorable y necesario poner en su justo realce a estos edificios fabriles, tan vilipendiados y olvidados en la actualidad, al punto de ser muchos de ellos modificados o demolidos sin contemplación. Basta mencionar los casos recientes de la planta ECA en Santiago, y la Compañía Chilena de Tabacos, en Valparaíso, por poner sólo algunos ejemplos en que el abandono, la ignorancia y especialmente la codicia y corrupción facilitaron su desaparición inexorable. El edificio de la Fábrica Carozzi de Quilpué queda entonces a la espera de su justa y merecida puesta en valor, como ejemplo fundamental de la arquitectura industrial en regiones, y como símbolo del espíritu pionero de los inmigrantes y su fe en el desarrollo, en la industrialización y en el progreso.

Sebastián Aguilar O.

Planta Carozzi Quilpué


Fotos antiguas del libro “Carozzi 90 años: la empresa y las pastas en Chile : 1898-1988”, editado por Francisco Zegers, Santiago, Editorial Ograma, 1991.


Fotografías de la galería: Sebastián Aguilar O.

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