Opinión
20Ene2015

Ex Hospital Ochagavía: Historia de un Despojo

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Publicado originalmente en Revista Evavisión Cultura, N° 7, Septiembre 2013.

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Nuevamente nos toca ser testigos de la voracidad y la depredación mercantil que nos agobia día a día versus las políticas públicas, el bien común y las necesidades de la ciudadanía. Una vez más las autoridades de los últimos años han ignorado a la gente, a sus prioridades, a sus derechos esenciales. El caso del Ex Hospital Ochagavía es el ejemplo más claro de la desconexión entre la necesidad común y el beneficio e intereses de orden económico, en el que también son partícipes otros factores como el olvido generalizado y la destrucción sistemática de la obra de Allende por parte del Régimen Militar, y la más reciente desidia y falta absoluta de voluntad e intención política de las autoridades más recientes.

Proyectado en el gobierno de Eduardo Frei Montalva, el Hospital Ochagavía prometía ser uno de los establecimientos de salud más grandes y avanzados de su tiempo, el más grande de Chile y Sudamérica, y situado -simbólicamente- en un modesto sector de la ciudad (en esa época era uno de los sectores más pobres de la comuna de San Miguel, actualmente pertenece a la comuna de Pedro Aguirre Cerda desde 1991).

Situado en la manzana conformada por las calles Club Hípico, La Marina, Manuela Errázuriz y Ángel Guarello, en un entorno de poblaciones modestas y casas de baja altura, de familias trabajadoras y de esfuerzo, el hospital venía a coronar un largo y merecido sueño, y una necesaria inclusión social. A pesar de que su planificación inicial venía del gobierno de Frei Montalva, sólo en la presidencia de Salvador Allende se comenzó finalmente su construcción. Sería un edificio de 84000 m2 y 9 pisos, más subterráneos, proyectado por don Hernán Aubert Cerda (1916-2000), arquitecto que fue por muchos años Jefe de la Sociedad Constructora de Establecimientos Hospitalarios. Se inscribieron los planos en julio de 1970 y recién el 25 de enero de 1971 se dio el Permiso de Edificación por parte de la Municipalidad de San Miguel. En marzo del 71 la Empresa Constructora Neut Latour -una de las más grandes e importantes del país- empezó las obras, que serían terminadas aproximadamente en 45 meses. Sólo se alcanzaron a trabajar 30. En ese tiempo, alcanzaron a construir por completo la obra gruesa, e incluso comenzando los trabajos de revestimiento exterior de mosaico -los cuales subsisten en la actualidad- y la colocación de ascensores.

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El Golpe de Estado de Septiembre de 1973 destruyó el proyecto y las prioridades de su construcción y terminación. Las faenas fueron abruptamente paralizadas, y al ser una obra emblemática del antiguo presidente derrocado, fue rápidamente dejada en el olvido más absoluto, sus presupuestos redestinados a otras funciones o sencillamente robados de las arcas públicas; mientras que a los habitantes de San Miguel y las zonas aledañas no se les dio la más mínima explicación. (Recordar asimismo el vergonzoso caso de la Población San Luis de Las Condes). De esta forma, la que sería una de las edificaciones señeras y emblemáticas del gobierno popular, y el orgullo de sus habitantes, pasó a convertirse en una enorme y triste ruina, mirada obligada y perenne de todo su entorno, y mancha infame en el paisaje y en las conciencias de los vecinos, y de alguna manera, en el símbolo del sector y luego, de la naciente comuna, al ser un hito indiscutido desde la carretera que pasa a escasas cuadras.

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Los años fueron transcurriendo. El gobierno militar finalmente destinó sus afanes a la construcción del Hospital Paula Jaraquemada, cercano a la Av. Matta, con lo cual la terminación del antiguo Hospital Ochagavía nunca se materializó. La enorme ruina, a pesar de su abandono y antigüedad, resistió sin problemas el terremoto de 1985, pero aún con estas favorables referencias, no se hizo nada por retomar su construcción. Como suele suceder, motivos de índole político, de planificación social y las eternas mezquindades económicas en la precaria redistribución de los dineros fiscales complotaron en contra del proyecto. Al contrario, el lugar originalmente destinado para salvar y cuidar la vida, se transformó rápidamente en sinónimo de muerte, destrucción y abandono. Numerosos delitos, robos, violaciones y asesinatos, se arraigaron por muchos años tras sus muros derruidos, con lo que ya a fines de los años 80, el edificio era un vergonzoso foco de delincuencia e inseguridad; un “elefante blanco” que día y noche ensombrecía al vecindario y entristecía el paisaje.

Los gobiernos venideros de la Concertación tampoco tomaron cartas en el asunto, dejando eternamente inconcluso el edificio, y a los pobladores de la zona sur-poniente de Santiago desprovistos de su necesaria labor social y humanitaria. Por último, en el mandato de Eduardo Frei Ruiz-Tagle, el año 1999, el Gobierno de Chile, a través del Ministerio de Vivienda, vendió el edificio y los terrenos colindantes en 619 millones de pesos a la Inmobiliaria Mapocho S.A., la cual se comprometería a hacer un proyecto de orden comercial y habitacional: dos torres con 320 departamentos y rodearlo de una plaza cívica de 16 mil metros cuadrados que se convertiría en un atractivo polo de desarrollo. Sin embargo, nada de esto se realizó, y el edificio permaneció en el abandono otros 10 años más. El SERVIU instruyó una demanda de $ 8.500 millones por el incumplimiento del contrato, sin embargo la instancia legal también quedó en nada.

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Finalmente, hace un par de meses, se dio a conocer la tan ansiada noticia de terminación del edificio por 40 años abandonado. Ahora su estructura será reocupada en funciones muy distintas de las originalmente planeadas. Un gran centro de negocios y bodegas, el Núcleo Ochagavía, será el futuro del tan simbólico inmueble. Los intereses privados y los egoísmos económicos de nuestra sociedad mercantil buscaron con esto el mayor beneficio pecunario. Como demoler el enorme edificio era demasiado caro, y reconvertirlo en algún centro cultural o social era poco rentable, al final, se optó por lo más conveniente: destinar el enorme edificio en un centro de bodegas y oficinas, que mediante sus patentes y permisos, le otorguen algo de ingresos a la modesta comuna donde se emplaza; sin duda un vergonzoso destino para un sueño largamente anhelado por los vecinos, y eternamente prometido y postergado por las autoridades. Como cruel corolario, ahora los terrenos aledaños serán plazas y áreas verdes, y el edificio brindará algún soporte comercial al barrio. Este será el único espacio pensado para la comunidad. Actualmente ya hay trabajadores limpiando y acordonando, y realizando las primeras faenas de construcción, y se realizan algunas visitas guiadas a las instalaciones, las que obviamente se han transformado en plataformas comerciales y propagandísticas de la empresa adjudicadora del proyecto y de las ventajas y beneficios de su nueva reconversión.

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Sin duda, un ejemplo clarísimo de dónde están realmente enfocadas las políticas públicas a nivel nacional y regional, a pesar de las promesas y ofertones, y del fácil discurso social de los políticos y candidatos de turno. Claramente, después de años de postergación y abandono, los vecinos de Pedro Aguirre Cerda merecían otro trato. Una muestra más -y tal vez la más dramática y cruel- de la negación de la ciudadanía y del bien comunitario versus la ganancia monetaria y la privatización agigantada del estado.


Enlaces relacionados:

- Reportaje de Emol

- Elefante Blanco P.A.C.

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Fotos de la galería: Sara Ruiz C.

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